miércoles, 28 de mayo de 2008

Clozapina, 25 mg

Mi perro Sobras tiene HAMBRE. Mueve la cola por que estoy triste, por mi falta de APETITO, porque sabe que hoy va a COMER de lo lindo. Maldito perro, alimentado por mis desgracias. Cómo las huele.

Hoy me siento un poco como ese potaje de lentejas... que sobro. Así que me siento en el sofá para ver la tele mientras él lo ENGULLE todo.




¿Tendrá razón? Hay ciertos días que me levanto y percibo la vida ajena a mí. La niebla. Embotamiento emocional. Fases en que florecen mis esquejes de diablos amapola, que salen al sol que alumbra cuando nubla. Y en un segundo cualquiera me veo al borde de mis actos, al borde de mi cordura. Y los demás callados. Apartado. Observado. Asi es como ella me miró hoy antes de pronunciar aquellas malditas palabras. Seguro que ella también lo notó, lo sé; el olor a cabra. De todas formas la cosa hacía aguas, estaba enamorada de aquel capullo. Mi reacción fue la de cualquiera en mi lugar. Estoy harto de seguir siendo el segundo plato. Juro que lo mato, juro que lo mato, juro que lo mato...

Al despertar descubro a Sobras LAMIÉNDOME la cara.

Pero no a la usanza: un lengüetazo lento y mojado desde el cuello hasta la sien que me puso los pelos de punta.






¡¡Sobras!!


El perro se apartó y me miró fijamente. Dibujó una horrible sonrisa rapaz y comenzó a mover la cola.

Ese día, los alaridos alertaron a los vecinos y llamaron a la policía. Fue el día que me comí a mi perro. El día que me sacaron de casa, esposado, restregando en el felpudo aquella sobrasada peluda que se pegaba en las suelas.


viernes, 23 de mayo de 2008

Las cosas perecederas


Pero Hombre y Tiempo hicieron las paces. Tiempo, a veces un poco prepotente, dejó de reirse de Hombre. Hombre, orgulloso, finalmente reconoció la importancia que Tiempo tenía en su vida.

Hombre no sabía definir a Tiempo, pero cuando vio que este era subjetivo, que en sus sueños los segundos eran horas y que con ella las horas eran segundos, aprendió a usarlo como herramienta. Sintió que podía abrazarlo y acariciarlo, y por qué no, trascenderlo y ser eterno, como el río, en los confines del principio y fin de todas las cosas.

Por eso cuando Hombre se pierde en sus ojos negros y contempla su risa de luz, Tiempo se marcha. Por eso cuando Hombre piensa en ella, le pide a Tiempo que marque las horas, para recordarle que estamos de paso; recordarle el verdadero significado de las cosas perecederas...




The Doors
- Yes, the river knows




Art by aquapell


miércoles, 21 de mayo de 2008

Astenia primaveral



Entre que llego y no llego a mi destino, te contaré como me convertí en el hombre atrapado en un bucle de tiempo infinito...


Debo decir que a mí las cosas no me salen a la primera, siempre surge algún imprevisto que hace que vuelva a andar lo andado andando lo ya andado sobre raya discontinua. Con mi bici de ruedas orbiculares voy rodando por el país de las maravillas de Villamara en el país de los sueños orbiculares como ruedas de bicicleta sobre discontinuas rayas andadas. No sé qué coño le pasa al reloj, ni mirarlo quiero, porque tanto peso en una diminuta manecilla hace que me cuestione, con todo el sopor del mundo, el verdadero peso de mi cuerpo en el acontecer de los segundos.

"Cerramos a las 12:30 durante esta semana", decía el dichoso cartel. En realidad, ya he leído miles de carteles como este; miles de excepciones ante lo normal. Y ya estoy harto.

En el camino de vuelta, me fijo otra vez: no sé qué le pasa al reloj ni a la dichosa carretera. Juraría que las líneas discontinuas están más separadas que antes. Aumenta la impaciencia. Diría que los pájaros vuelan simulando un lastre, me intimidan las miradas que se clavan en mí y luego se desvían en un segundo eterno, mi corazón late rápido buscando ansioso el necesario aporte de sangre cada vez más espaciado e insuficiente con cada latido y las palabras que uso para contarte esta historia chocan a borbotones en la parsimonia de mi boca. Hoy, definitivamente, me rindo y acepto mi sino, me rindo a la gravedad que quiere detener mi avance. Puedes poseer mi voluntad, que yo no voy a resistirme más.

Entre que llego y no llego a mi destino, te contaré como me convertí en el hombre atrapado en un bucle de tiempo infinito...



Art by Josh Sommers


sábado, 10 de mayo de 2008

¿Te has hecho algo en el pelo?



— Como siempre, ¿verdad, don Samuel?
— Sí, sí, por favor.

Los tijeretazos de don Sabino suenan lejanos, más bien sordos en la sien. Como los alaridos de mi Paca y el incesante vocerío de los niños. En segundo plano las broncas de mi jefe, las miradas de superioridad de mis compañeros, los continuos desprecios de mi suegra y los refunfuños de mi madre. Una extraña sensación se apodera de mí y empiezo a sentirme un rebelde, como si realmente pudiera tomar el control de mi vida.

— Don Sabino, he pensado que esta vez quiero las patillas un poquito más largas.
— Muy bien.

En serio, creo que a veces hay que ser un hombre y coger el toro por los cuernos. Hoy vuelves a nacer, Samuel Padilla. Hoy vas a ser el hombre que te dé la gana de ser.


Llegó al ascensor, y dispuesto a no volver a esperar ya nunca más en esta vida, subió por las escaleras sin importarle el peso de las bolsas de la compra. Paso firme, mirada absorta, concentrado en la decisión que supondría el principio de su nueva vida. Samuel tragó saliva.


— Cariño, ¿de dónde vienes? Te veo... diferente...



— Paca... dile a tu madre que vaya haciendo las maletas.





Art by Tim Biedron: "Samuel and his new haircut".