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Mostrando entradas de diciembre, 2007

Fue tan real...

...cuando los vi allí sentados, con su deformidad circense, envueltos en aquel azul eléctrico propio de un paraíso artificial inducido por el sopor de mis pestañas. Allí conversaban en un lenguaje ininteligible mientras la lluvia golpeaba tras los cristales; me ensordecía. Con esfuerzo pude oír aquellas palabras: —Ahora son siempre las seis de la tarde —dijo el hombre del sombrero con voz tristísima—. Siempre es la hora del té. (La lluvia se convirtió en un mero sonido de fondo.) Mientras, la Liebre de Marzo cogió el reloj y lo miró con aire melancólico: después lo sumergió en su taza de té y lo miró de nuevo, pero no se le ocurrió nada mejor que decir. Tomé asiento junto a ellos en la mesa, me serví un poco de té y pronuncié palabras ininteligibles. De nuevo, el sonido de la lluvia golpeaba contra la ventana. Y no quise otra cosa que volver a la artificialidad azul de lo deforme de aquel circo paradisíaco, inducida por el sopor de mis pestañas. Cuando en los albores del sueño, por fin...

7

Tras el incendio, abro la ventana. El viento ya puede visitarme arrastrando consigo cientos de miles de trastos viejos, nuevos, vida, vacío, luz, muerte, noche, música, risa, olvido, recuerdos, llanto, sueños... Sopla ante mis ojos y, a veces, logra despeinarme. Esta vez, sí.     Radiohead  -  Lucky I'm on a roll, I'm on a roll this time I feel my luck could change. Kill me sarah, kill me again with love, it's gonna be a glorious day. Pull me out of the aircrash, Pull me out of the lake, 'cause i'm your superhero, we are standing on the edge. The head of state has called for me by name but I don't have time for him. It's gonna be a glorious day! I feel my luck could change. Ilustración: Rowye

Adiós

Recuerdo a aquel hombre que se ponía a vender pipas y cacahuetes en la puerta de Galerías. Lúcido, amable, sonriente. Un personaje más de aquellos que daban un carisma especial a Granada. El mismo que entonces les daba a sus nietos un cartucho de cacahuetes cuando por allí pasaban. "Toma, chavea", decía. El mismo que en sus ratos libres se iba con los amigotes al Hogar, a echarse unos chatos y a jugar al dominó. Un hombre de costumbres, inquieto por naturaleza.  Recuerdo también que ya había perdido parte de aquella lucidez, ya con algo de esa desidia anciana en su amabilidad, y que ya no sonreía tan a menudo, pues la vida golpea con dureza donde más duele, quitándote lo que más quieres y amansando los insensatos impulsos de aquellos que se atreven a vivirla. Aún, un cauce de vida inquieto, hasta osado dadas las circunstancias, pero que ya escapaba a borbotones por aquellos ojos azules para desembocar en los desagües del tiempo. "Quíteme este mal que tengo, doctor, la mi...