Miles de ciclos de tiempo, de palabras dichas y por decir, de miradas y rostros familiares. Son círculos perfectos y aleatorios, cada uno con su principio y su fin, que se resguardan de la voluntad de un hombre incapaz de trazarlos a mano alzada, porque las cosas perfectas no son de este mundo. Solo ella lo es, el olor de su pelo, aquí y ahora. "Buenos días". De nuevo tuvo esa sensación de caer cuando dormía profundamente, aunque, esta vez, le atormentaba la idea de caer en otro lugar, como si tal cosa fuera posible. Solo sabía que no le gustaría despertarse junto a ella, mirarla y que sus ojos, su cabello, su risa y su nombre fueran otros. Ya conocía esa sensación. Sabía lo que era imaginar una vida hecha y, al día siguiente, mirarse las manos mientras todo gira alrededor; el vértigo, los créditos, el ruido blanco y vuelta a empezar. Sus manos. Creía tenerse a sí mismo y solo tenía lo que le habían dejado. El mismo actor en una película diferente. Aquella mañana, se que...