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Pim Pam Pum

Héroes muertos, abono para mi huerto.

Dudu, corazón de acero (II)

Dudu, pasando cuatro kilos, empujó su silla de ruedas hasta el servicio de caballeros. Pero una vez dentro, no oyó la puerta cerrarse tras de sí. Al volverse, vio a uno de los pijos colarse en aquel habitáculo lleno de meados y papel higiénico mojado en el suelo. –Eh, ¿qué pasa? ¿No ves que está ocupado? –exclamó Dudu. El pijo sacó su móvil, pulsó un par de botones y lo colocó cuidadosamente en el suelo apoyándolo en la pared con la inclinación adecuada para grabar a Dudu. El muy hijo de puta llevaba la careta de un cerdo. Era un cerdo de Lacoste. Y el cerdo llevaba un cuchillo de los que cortan. –Ahora me la vas a chupar y voy a acabar en tu culo. ¿Qué te parece, tullido? Porque si no, te voy a rajar el pescuezo. Dudu. A su madre le parecía un diminutivo precioso, aunque su padre siempre lo llamaba por su nombre, Eduardo, porque le inspiraba nobleza y carácter. Su Eduardo. Dos sucesos marcaron su vida para siempre: uno, el accidente de moto; el otro, la operación. Ya ves, un defecto c...

Dudu, corazón de acero (I)

A Dudu no le gusta Operación triunfo y lleva una camiseta de Sepultura con un dibujo to guapo. Dudu es un tío especial. Echado en la cama, escucha en sus auriculares el disco negro de Metallica que le ha grabado su hermano y se pregunta si este año que entra perderá la virginidad.  ¡Esto sí que mola! ¡No el Load , que es una mariconada!... La virginidad... Pero tiene que ser con una tía que mole, no de esas que pierden el culo por el Bustamante. Si le hubiera tirado a la Sandra en su momento… Era la chica perfecta, una diosa, una valquiria del Valhalla. Pero ahora se ha echado un novio gafapasta de esos con jersey de rombos, con su moleskine y todo. La Sandra ya se ha echado a perder, escucha otra música, sale con otra gente. Solo Dudu y unos pocos seguían fieles a lo que eran. A ver, a ver… ¿dónde coño estaba eso? Dudu sacó una carpeta cuidadosamente forrada y cubierta de recortes de todos sus grupos: el tío de Manowar pisando banderas, una calabaza de Helloween, Kai Hansen levant...

Los globos van al cielo

Son las nueve y cuarto de la mañana y el tiempo corre leeeeeento… Entre cada tic y cada tac vienen a mi mente miles de cosas qué hacer durante el laaaaaargo día que tengo por delante, pero ninguna más importante que degustar esta taza de café. Las pantuflas me hacen sonreír. He descubierto que la lentitud de las agujas del reloj se debe a mis pantuflas, que no necesito un DeLorian para jugar con el tiempo, y mientras siga con ellas puestas no tengo nada que temer. Y es que las prefiero a mis nuevas Converse negras de sesenta euros en las rebajas (¿rebajas?), porque en mis pantuflas sale Homer Simpson y porque pueden parar el tiempo, como Hiro. Las Converse son como un  preparados, listos ya del que ahora mismo no me apetece hablar porque se me jode el café. ¿Por qué siempre asociamos conceptos intangibles con cosas simples y cotidianas? Para entender mejor, supongo; pero luego, cuando simplificas demasiado nadie te entiende. Y aquí viene como anillo al dedo lo que decía, creo qu...

Quiero ser astronauta

Sobrecargar el sistema es buscar conexión con el mundo extraterrestre y conquistar el décimo planeta sin pasar por Plutón porque no se han inventado zapatos para caminar por la Tierra. Puedes dejar a la Rosi por una tía con más tetas, discutir con tu madre y largarte de casa de un portazo para siempre y comerte el mundo con patatas siguiendo las coordenadas de vuelo correctas con el piloto automático activado. Ni caso, al final obtendrás tu recompensa, ya verás. Pero no te preocupes, porque si no es en esta vida, algo habrá cuando apaguen las luces y te echen tierra encima. Ya verás. Deje su mensaje después de la señal. Música: Tool - The Grudge

Círculos perfectos

Miles de ciclos de tiempo, de palabras dichas y por decir, de miradas y rostros familiares. Son círculos perfectos y aleatorios, cada uno con su principio y su fin, que se resguardan de la voluntad de un hombre incapaz de trazarlos a mano alzada, porque las cosas perfectas no son de este mundo. Solo ella lo es, el olor de su pelo, aquí y ahora. "Buenos días". De nuevo tuvo esa sensación de caer cuando dormía profundamente, aunque, esta vez, le atormentaba la idea de caer en otro lugar, como si tal cosa fuera posible. Solo sabía que no le gustaría despertarse junto a ella, mirarla y que sus ojos, su cabello, su risa y su nombre fueran otros. Ya conocía esa sensación. Sabía lo que era imaginar una vida hecha y, al día siguiente, mirarse las manos mientras todo gira alrededor; el vértigo, los créditos, el ruido blanco y vuelta a empezar. Sus manos. Creía tenerse a sí mismo y solo tenía lo que le habían dejado. El mismo actor en una película diferente. Aquella mañana, se que...

Yo maté a Freddy Krueger

Una vez tuve el superpoder de controlar los sueños a mi antojo. Puede que tanta dosis de realidad haya sido mi kriptonita. No quiero que mis sueños sean una prolongación de lo que llamamos real, que para eso sueños son, y realidades hay tantas como mis ojos quieran ver.