lunes 9 de enero de 2012

Sueños cumplidos

Era la primera vez que Papafrita lloraba en mucho tiempo. Por fin se había sacado su diploma de astrofísico con mucho dolor de cabeza. Había tardado quince años pero, qué cojones, ahora podía ir al pueblo y decirle al padre con espumarajos en la boca: "Mira, viejo, tengo mi título, ¡que te den por culo!", dar un portazo y correr gordo y desnudo a tirarse en la alberca a lo albóndiga.

En el bar, estaba que no cabía en sí. Si hasta se costeó una fanta con aire orgulloso. También se tomó una aspirina. Cuando contaba sus logros a sus amigos le daba la risa tonta y se le salían los mocos. Se reían, pero eso a él le gustaba. En ese momento, se enteró por la tele de que el país llevaba ya tres años en crisis y que bastantes problemas había ya como para explorar los astros.

El Papafrita era un gordo cafre; era como un trol perfumado en mocasines que se había leído a Proust y tenía un título de astrofísico que se lo había sacado de memoria pero, sobre todo, era buen amigo de sus conocidos.

Y llevaba ya un mes con dolor de cabeza.

viernes 30 de abril de 2010

Los pájaros cantan y las nubes se levantan (ahora que tu madre se ha ido)

La veía insulsa y gorda, fregando platos después de comer, mientras yo removía el azúcar del café con esa mueca de desdén que el tiempo te va dejando en la cara.

Sumido en mi propia apatía fijé la vista en mi ventana y un pajarito vino a posarse en mi maceta. Se quedó muy quieto durante un segundo y empezó a dar saltitos, supongo que cazando algún pequeño insecto. Una ligerísima brisa entró por la ventana con olor a manzanilla. acariciándome la cara iluminada por este sol que anunciaba la entrada de la primavera. El pajarito echó a volar hacia sus congéneres que ya habían alegrado la calle con sus cánticos.

El ruido del grifo me trajo de nuevo a la cocina, y allí estaba mi Paca dándole a la olla del cocido. Vista así de espaldas, con ese bamboleo de carnes, es evidente que aquellas curvas habían perdido su forma. Recuerdo como a mis amigos se les caía la baba cuando la veían conmigo en la moto, falda al viento, enseñando aquellas piernas. Mi Paca.

Me acerqué sigilosamente a ella para abrazarla. Le levanté el vestido, le eché las bragas a un lado y la embestí allí mismo con los pantalones en los tobillos mientras ella se me resistía como una leona orgullosa.

Francisca se dio la vuelta y me pegó con la olla en la cabeza; el golpe me hizo retroceder con tan mala suerte que los pantalones me hicieron caer de espaldas y fui a dar con la sien en el borde de la mesa de silestone verde mar, "porque combina mejor con el blanco de los muebles". Yo es que, la verdad, de decoración no tengo ni idea. Esas cosas siempre se las he dejado a mi Paca, que siempre ha tenido mejor gusto que yo.



Beatles - Fool on the Hill

Art by Tim Biedron

miércoles 20 de enero de 2010

Elecciones 2010

Llegaba tarde a la salvación de la raza humana. Chicho se quedó dormido, como siempre. "¡Maldito despertador de los chinos!".

En la radio, Obama, Zapatero, la Esteban y sus respectivas familias ya habían subido a la nave. En casa, solo quedaban unos cereales manidos para desayunar y programas en diferido por la tele. "En fin, a ver si así salimos de la puta crisis de una vez".

Nos invaden, ya lo ha confirmado la Casablanca. Seres fungoides y mimoides provenientes de un océano que diez años de solarística no ha llegado a comprender; seres disléxicos, borrachos, inocentes, buenas y malas personas en busca del sueño americano.



jueves 17 de septiembre de 2009

Cabeza borradora

Maximino mino-mino pensaba en que no necesitaba nada de aquello. Cada puto trasto que entraba en esa casa solo servía para ocupar espacio y aumentar el desorden en su tiranizada cabeza. Y es que Maximino tenía un concepto mini-minimalista de la vida y adoraba la simplicidad de los síes y los noes, de los blancos y los negros; adoraba los espacios amplios, la simetría o, en su defecto, la asimetría estudiada, los bolsillos vacíos, los planos de las pelis de Kubrick y la sección de organizadores del Ikea. La tranquilidad. El blanco del huevo friéndose en el centro de aquella inmensa sartén le salpicó en la cara y rompió su trance. Pero eso se iba a acabar: ese fin de semana se haría cargo de todo. Que sí, que sí...

Con la pistola de su abuelo nazi en una mano y su videocámara en la otra, dio los diez pasos de rigor y luego media vuelta. Observó complacido todos los trastos dispuestos en línea y, al fondo, el paredón blanco de su jardín. El barrido de cámara captó, entre tanta basura, la máquina de coser de su abuela nazi, dieciocho cajas con zapatos de mujer, un vídeo VHS, Angustias, un tocadiscos, la bicicleta de su hijo, una minicadena de hace veinte años, Alvarito y una vieja motoreta BH y, al fondo, el paredón blanco de su jardín. "¡¡Y a tomar por culo!!"...






Luego, solo quedó el eco de su liberadora frase y un fundido en blanco, tan inmaculado, tan silencioso y mini-minimalista que era como si Dios mismo hubiera lanzado sobre la humanidad una puta bomba Zen de paz, amor y libertad.






Maximino, que de simple actor pasó a ser el director de su propia película y tonto no era, se había guardado una última bala para llevarse consigo aquella maravillosa sensación; el final perfecto seguido de la más oportuna entrada de créditos con fondo blanco, blanco, blanquísimo.




viernes 15 de mayo de 2009

La aurora de Nueva York

"A estas alturas, no me interesa conquistar el mundo. Incluso sin héroes que lo defiendan. Pim pam pum. Se empeñaban en ser demasiado perfectos, y la perfección, Gustavito, no existe si no es por un breve lapso de tiempo, como la felicidad. Es decir, toda cosa imperfecta tiende a la perfección, como el infeliz tiende a la felicidad, como la noche al día, como el caos a la armonía... Borrón y vuelta a empezar. La dualidad, el Yin y el Yang, Gustavito, fíjate lo que te digo. No te puedes quedar solo en una parte de esa dualidad porque todo es un vaivén; el vaivén del universo, que se expande y se contrae hasta que estemos todos muertos. Cada cosa tiene su vaivén, su ritmo de expansión-contracción particular. Entonces, no tiene sentido que te preguntes si eres feliz, si eres perfecto, si eres bueno... El universo te mece, y tu radio de acción-efecto equivale a prácticamente NADA con respecto a toda la infinitud del cosmos".

Gustavito Probeta, esa noche no probó bocado. "¡Uuuuugh!". Dio una patada a la bandeja de sobras que el Dr. Radzinky le pasó por debajo de la puerta y reptó hasta su rincón dejando un reguero de babas y mocos de tan descomunal berrinche. Se sentó, gimiendo, a escuchar el cri-cri de las estrellas que tan colosales lo miraban a través del ventanuco. La impotencia le llevó a pegarse varias veces con la alpargata en la cabeza agotado por pensamientos que no le llevaban a nada: una rima deforme de Lorca, fórmulas matemáticas borrosas, hipotenusas, voces familiares, olvido, borrón y vuelta a empezar con Lorca y las hipotenusas. Finalmente, cayó dormido en la más dulce de las rendiciones. Y soñó que iba en una balsa a la deriva: arrastrado, insignificante, pero más libre que nunca.

jueves 16 de abril de 2009

Pim Pam Pum



Héroes muertos, abono para mi huerto.


lunes 26 de enero de 2009

Dudu, corazón de acero (II)




Dudu, pasando cuatro kilos, empujó su silla de ruedas hasta el servicio de caballeros. Pero una vez dentro, no oyó la puerta cerrarse tras de sí. Al volverse, vio a uno de los pijos colarse en aquel habitáculo lleno de meados y papel higiénico mojado en el suelo.

–Eh, ¿qué pasa? ¿No ves que está ocupado? –exclamó Dudu.

El pijo sacó su móvil, pulsó un par de botones y lo colocó cuidadosamente en el suelo apoyándolo en la pared con la inclinación adecuada para grabar a Dudu. El muy hijo de puta llevaba la careta de un cerdo. Era un cerdo de Lacoste. Y el cerdo llevaba un cuchillo de los que cortan.

–Ahora me la vas a chupar y voy a acabar en tu culo. ¿Qué te parece, tullido? Porque si no, te voy a rajar el pescuezo.

Dudu. A su madre le parecía un diminutivo precioso, aunque su padre siempre lo llamaba por su nombre, Eduardo, porque le inspiraba nobleza y carácter. Su Eduardo. Dos sucesos marcaron su vida para siempre: uno, el accidente de moto; el otro, la operación. Ya ves, un defecto congénito en el corazón que le obligó a llevar marcapasos desde los quince. Estos chismes los hacen de acero, y él siempre bromeaba diciendo que llevaba el metal en el corazón. Dudu se sentía afortunado, tenía buenos amigos con los que ir a los “festis”, hablar de música y películas, de chicas imposibles… aunque hoy habían tardado más de la cuenta en llegar.

¿Y por qué justo a él?, se preguntaban familia y amigos con la mirada, silenciosos todos en un pasillo de hospital. Consuela pensar que hay un porqué para todo, que hay una especie de karma o justicia universal. Como si lo aleatorio, el azar y las cosas porque sí fueran el tabú más grande incluso para unas mentes evolucionadas y empíricas. Y dios no es empírico, hostia, le decía el Panterilla a Dudu en una de aquellas charlas en el mismo bar en que le rompieron el culo a su amigo. Pero en realidad, ni él, con sus pintas de cuero, tenía los suficientes cojones para aceptar las cosas como son.

David se llamaba. Dudu lo supo por la policía. El hijo de puta se llamaba David, como David Bustamante.


Música: Nine Inch Nails - Closer