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Pies de agua

Los días que te levantas sin pies son los días en que el mar corre a tu lado. "¿Quieres jugar?", preguntan las revoltosas olas. Puedes ponerte tus pies de plomo y seguir tu camino, o bien puedes calentar el soldador y fundirte las piernas hasta dejar de existir, convertirte en una de ellas. Un suicidio en toda regla.  Cobarde . En lo que respecta al hombrecillo, optó cobardemente por ser un cero contra el caos, unos calzoncillos y unas pantuflas flotando... al sabio vaivén de la única vida que tiene. Lejos de todos esos insensatos. Ilustración: ld345

El cazador de estrellas

Le gustaba tumbarse a mirarlas cada noche y dejar que su mente se deshiciera en pétalos, cientos de pétalos a merced del viento que los sopla y los airea de aquí para allá. Se sentía pequeño bajo aquel manto de luces, tan pequeño, pequeño que dejaba de ser él... ¿O era todo lo contrario? No lo tenía muy claro. Le gustaba sentirse minúsculo, saber que aquel techo de guiños intermitentes lo protegía, mientras él se perdía y navegaba por el manto infinito en busca de estrellas. "¡Ah...! y para hablar con ellas, quitaos las gafas de sol". Profesor Stellatore, De la caza contemplativa de la estrella y sus variantes , 1843. Cada una tenía algo que decirle, algo que enseñarle sin palabras. Estas solo tenían que susurrarle al alma. No hay filtros ni intermediarios cuando la razón yace despetalada, meciéndose divertida, inocente, a voluntad del viento. Y por eso se pierde con su cazamariposas en mano, para atraparlas, observarlas, hablar con ellas y luego dejarlas en libertad. A todas...

La escalera

Cuando llego a lo más alto de la escalera, un enorme cielo azul me ciega durante unos instantes. Entonces el ruido de la gente se convierte en silencio absoluto: el silencio de un segundo alargado. Como cuando llegas a la parte más alta de una montaña rusa esperando la inminente bajada. Respiro. El sonido regresa a mis oídos. Estoy en una enorme escalera mecánica que baja atravesando las nubes. Veo aviones volar a la altura de mis ojos. Cada elemento de la escena tiene su propia velocidad: gente, maletas cayendo, perros, paraguas, móviles... Hay gente a mi alrededor gritando, que cae precipitándose hacia abajo. Otros, como yo, bajamos en pie, dejándonos llevar por la escalera, sintiendo el viento fresco en la cara. En unos segundos, mi mente me la juega, como siempre hace en las alturas: me imagino cayendo al vacío. No puedo evitar que el vértigo se apodere de mí y decido agacharme, tocar el suelo de las escaleras con mis manos mientras bajo a cualquiera que sea mi destino. Música: ...

La noria

Extraído de un folleto publicitario:   Subes cada vez más y llegas a la parte más alta. Felicidad la llaman. Sientes vértigo, miedo de caerte, pero la adrenalina se dispara. Te sientes feliz en ese asiento que se balancea de un lado a otro. Es el momento de bajar y la alegría ya no es tanta, las emociones vuelven a estabilizarse y, a medida que vas bajando, estas tienden a ser cada vez más negativas. Luego vuelves a subir. Y bajar. Subir. Y bajar. Pequeño Gafotas vive en Caos. Esos sectarios sabiondillos y miopes entregados a lo fácil le tienen lavado el cerebro con sus falsas interpretaciones del carpe diem. Le diagnosticaron trombosis vital derivada de ombliguismo exacerbado, por analizar cada una de sus emociones con lupa al borde del colapso. Quisiera ver más allá de su claustrofóbica cabina, prisión de las emociones entre las que se pierde y que controlan su voluntad, a la deriva de los acontecimientos, quizás persiguiendo algún borroso horizonte fantasma. Pequeño Gafotas nunc...

Clozapina, 25 mg

Mi perro Sobras tiene HAMBRE. Mueve la cola por que estoy triste, por mi falta de APETITO, porque sabe que hoy va a COMER de lo lindo. Maldito perro, alimentado por mis desgracias. Cómo las huele. Hoy me siento un poco como ese potaje de lentejas: que sobro . Así que me siento en el sofá para ver la tele mientras mi perro lo ENGULLE todo. ¿Tendrá razón? Hay ciertos días que me levanto y percibo la vida ajena a mí. La niebla. Embotamiento emocional. Fases en que florecen mis esquejes de diablos amapola, que salen al sol que alumbra cuando nubla. Y en un segundo cualquiera me veo al borde de mis actos, al borde de mi cordura. Y los demás, callados. Y yo, apartado, observado. Asi es como ella me miró hoy antes de pronunciar sus malditas palabras. Seguro que lo notó, lo sé: el olor a cabra. De todas formas la cosa hacía aguas, estaba enamorada de aquel capullo. Mi reacción fue la de cualquiera en mi lugar. Estoy harto de seguir siendo el segundo plato. Juro que lo mato, juro que lo mato, j...

Las cosas perecederas

Pero Hombre y Tiempo hicieron las paces. Tiempo, a veces un poco prepotente, dejó de reirse de Hombre. Hombre, orgulloso, finalmente reconoció la importancia que Tiempo tenía en su vida. Hombre no sabía definir a Tiempo, pero cuando vio que este era subjetivo, que en sus sueños los segundos eran horas y que con ella las horas eran segundos, aprendió a usarlo como herramienta. Sintió que podía abrazarlo y acariciarlo, y por qué no, trascenderlo y ser eterno, como el río, en los confines del principio y fin de todas las cosas. Por eso cuando Hombre se pierde en sus ojos negros y contempla su risa de luz, Tiempo se marcha. Por eso cuando Hombre piensa en ella, le pide a Tiempo que marque las horas, para recordarle que estamos de paso; recordarle el verdadero significado de las cosas perecederas... Ilustración:   aquapell Música: The Doors - Yes, The River Knows

Astenia primaveral

Entre que llego y no llego a mi destino, te contaré como me convertí en el hombre atrapado en un bucle de tiempo infinito... Debo decir que a mí las cosas no me salen a la primera, siempre surge algún imprevisto que hace que vuelva a andar lo andado andando lo ya andado sobre raya discontinua. Con mi bici de ruedas orbiculares voy rodando por el país de las maravillas de Villamara en el país de los sueños orbiculares como ruedas de bicicleta sobre discontinuas rayas andadas. No sé qué coño le pasa al reloj, ni mirarlo quiero, porque tanto peso en una diminuta manecilla hace que me cuestione, con todo el sopor del mundo, el verdadero peso de mi cuerpo en el acontecer de los segundos. "Cerramos a las 12:30 durante esta semana", decía el dichoso cartel. En realidad, ya he leído miles de carteles como este; miles de excepciones ante lo normal. Y ya estoy harto. En el camino de vuelta, me fijo otra vez: no sé qué le pasa al reloj ni a la dichosa carretera. Juraría que las líneas d...